Castillos
de La Plana de Guissona
La Segarra, alrededor del s. XI, fue tierra de frontera y, mientras duró la conquista del territorio musulmán, muchos de los lugares que se fueron poblando se formaron al amparo de un castillo. Buena parte de las poblaciones de La Segarra formaban un casco urbano cerrado por la parte posterior de las casas o por un muro. Generalmente, disponían de un único punto de entrada: un gran portal dotado de robustas puertas que durante la noche y en tiempo de inseguridad se cerraban, cosa que impedía el acceso de gente peligrosa o indeseable a la villa. Varias de estas fortificaciones segarrenses, más o menos restauradas, han llegado hasta nuestros días. Se pueden visitar a lo largo de la denominada Ruta Turística de los Castillos de la Segarra.
Castillo de Les Pallargues
El castillo pertenece a la tipología de los castillos-palacio. En la fachada hay un gran arco gótico en cuyo interior se ha bastido modernamente el balcón. La cárcel y los oscuros pasillos configuran la parte más tenebrosa del castillo. Son lugares que continúan ofreciendo un gran misterio, aunque se sabe que uno de ellos conduce al Tossal de les Forques, donde se ajusticiaba a los prisioneros. La sala capitular, el pozo de hielo, la singular escalera de tornillo que conduce a las mazmorras subterráneas, la antigua sala de guardia, la bodega (que contiene una curiosa fuente de donde salía el vino fermentado a una gran tina anexa), la cisterna... son lugares destacados dentro del castillo de Les Pallargues.
La documentación del s.XII ya hace mención del castillo de Florejacs. Conserva elementos medievales y una alta torre defensiva con pequeñas almenas, de planta rectangular, así como los muros ataludados de la muralla. A su lado encontramos la iglesia de Santa María, de cariz clasicista, que fue andamio sobre la antigua capilla del primitivo núcleo. El campanario, más moderno, lleva la fecha de 1841. De este castillo, se puede visitar el interior.
Castillo de Les Sitges
Castillo de Vicfred
Al perder su misión defensiva, se transformó en mansión señorial durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Es un auténtico museo ambiental, una extensa muestra de enseres tradicionales, trofeos de caza, mobiliario, herramientas del campo y una serie de colecciones bastante curiosas, como la muestra permanente de relojes, abanicos y vestidos del s. XVIII y XIX. Se ha conservado, también, la capilla del castillo. Es un pequeño edificio de una nave, con ábside semicircular y campanario, situado muy cerca de la fortaleza.
